Acompañamiento en tiempos

de Covid-19

Romana Huesler, Voluntaria PWS en Colombia

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La alianza entre Peace Watch Switzerland y Pensamiento y Acción Social cumple 10 años trayendo a observadores internacionales a Colombia para velar por el respeto de los derechos de las comunidades defensorar del territorio en la región del magdalena medio.  Este artículo es escrito por una de las acompañantes que durante el 2020 estuvo con las comunidades campesinas del Guayabo, El Garzal, Nueva Esperanza, Bella Unión y Las Pavas.  Su experiencia, junto a la de su compañera Felicitas, marca el cierre de la alianza entre PWS y PAS.

Lo habíamos planeado completamente diferente. Hace poco, Maritza Gutiérrez, nuestra coordinadora de Barrancabermeja, Felicitas y yo, desarrollamos ideas frente a como diseñar el cierre de Peace Watch en Colombia. Pensamos en invitar a cada organización campesina a la celebración para terminar oficialmente el acompañamiento internacional.

Nosotras, las voluntarias, hemos gozado de unos beneficios privilegiados, sin tener que ganarlos. Maritza nos había advertido, que la confianza que las comunidades tienen con nosotras, nada tiene que ver con las personas, sino más bien con el chaleco verde. Con él, los y las voluntarias de Peace Watch han hecho un trabajo de acompañamiento internacional desde hace diez años.

De todas maneras, quedamos impresionadas por las puertas y brazos abiertos con que nos recibieron. En la despedida, queríamos agradecerles su confianza y su hospitalidad.
 

El viernes, 13 de marzo, hablamos en la comunidad de El Garzal con el Pastor Salvador, sobre la celebración de despedida y fijamos fechas para finales de abril. Él propuso acompañarnos a la comunidad de El Guayabo, en donde hace años él presentó a los primeros chalecos verdes “peacewacheros” a la comunidad.

La semana siguiente, queríamos fijar fechas para estar en el corregimiento de Buenos Aires, donde habitan varias personas de la comunidad de Las Pavas. De antemano teníamos claro en qué sitio deseábamos reunirnos: en Las Pavas, en el famoso campamento humanitario.
 

Equipo de Peace Watch Switzerland sobre el río Magdalena.

Habíamos pensado que el coronavirus se quedaría lejos de Colombia, en el viejo continente, pero no fue así. Llegó a Colombia y con él, las primeras restricciones, que fueron dictaminadas enérgicamente por la alcaldesa de Bogotá.

Poco a poco el tema principal de las conversaciones en Barranca, el calor, iba cambiando por el coronavirus. Finalmente, los sucesos empezaron a precipitarse: las autoridades tanto locales, como regionales, empezaron a prescribir medidas de prevención a un ritmo acelerado. Se limitó la movilidad dentro del país. Por último, el señor presidente empezó a implementar algunas medidas y las fronteras iban cerrándose. A pesar de que en ese momento el número de afectados era muy poco, Colombia había cambiado al modo de crisis.

A la par el tráfico aéreo en Colombia se iba reduciendo con el pasar de los días, el cierre de las fronteras a nivel mundial y el llamado del gobierno suizo, a que todos y todas en el extranjero deberían regresar, volver a Suiza se hizo un deber inmediato. ¡Que vaina!.

En tiempos de coronavirus los propósitos y los planes, no valen mucho. Empezamos la semana 12 con una agenda llena, el martes se canceló un compromiso y llegando la noche, supimos que estamos fuera de trabajo por lo menos hasta finales del mes.


Empezaron a moverse mecanismos que no permitieron ni deseos, ni planes individuales. El jueves 19 de marzo del 2020 llegó el acompañamiento de PWS a un final abrupto. Un final que habíamos querido evitar, nos encontramos de un día al otro en una dinámica que nos obligó a organizar nuestra salida de Colombia inmediatamente. Ni siquiera nos quedaba tiempo para despedirnos de la gente que acompañábamos. Hicimos las maletas y viajamos con el último bus nocturno que salió de Barrancabermeja a Bogotá. El día siguiente cancelaron los viajes.

En Bogotá, se había implementado el toque de queda rigurosamente, encontramos la capital como una ciudad fantasmal. Nosotras, de forma juiciosa, aprovechamos el tiempo que nos quedó antes de irnos al aeropuerto, en la habitación del hotel tratamos de alcanzar telefónicamente a todas aquellas personas de las cuales no pudimos despedirnos personalmente. Se presentaron conversaciones muy emotivas y desgarradoras. Grabamos un video para despedirnos, incluyendo dos canciones suizas como ñapa y lo enviamos.

Por lo menos, una parte de la celebración de despedida planeada se realizó, aunque en una forma distinta y con poco tiempo de ensayo. Maritza entregará un afiche con fotografías y saludos de voluntarios anteriores, apenas pueda volver a visitar las comunidades.

Como acompañantes, íbamos aprendiendo con la experiencia, que acompañar tiene una transcendencia amplia y diversa, que va más allá de la presencia física. Es una expresión de solidaridad y una forma de compartir parte de su experiencia y vida.

Durante las últimas horas en Barrancabermeja los roles cambiaron: Nosotras estuvimos acompañadas, llegaron Maritza Gutiérrez (PAS) Gloria Amparo (OFP) a nuestra casa. Con ellas llego un respaldo que nos ayudó aguantar la situación imprevista. La experiencia compartida dejo un vínculo para retomar en tiempos libre de coronavirus.

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