Las niñas, niños y jóvenes de El Hatillo quieren un territorio libre de contaminación

El cierre de la muestra – taller “Cartografías de los cuerpos – territorios”, realizada el 15 de junio en Bogotá, tuvo dos invitadas especiales, Laura y Ángela*, dos jóvenes de la comunidad de El Hatillo, la cual acompaña y asesora PAS desde el 2011 en su proceso de reasentamiento involuntario ordenado por el Ministerio de Ambiente a las 3 multinacionales de carbón (Drummond, Prodeco-Glencore y CNR) que operan en el Cesar, debido a los altos niveles de contaminación de aire. Ellas tuvieron la oportunidad de compartir este espacio con estudiantes del Sena, quienes conocieron las dificultades a las que se enfrentan los niños, niñas y jóvenes de El Hatillo por la actividad minera en su territorio.

En un ejercicio liderado por la artista y comunicadora social, María Andrea Gómez, los participantes expusieron, en un dibujo de sus manos, las 5 cosas más importantes para sus vidas. Para las dos habitantes de El Hatillo, dentro de estas cosas se encontraban el aire, el agua, la tierra, el cuidado y la convivencia como elementos imprescindibles para la vida, porque estos han sido destruidos por la explotación de carbón a cielo abierto, afectando la salud y la vida de las familias de esta comunidad del departamento del Cesar; por eso, estos cinco aspectos son tan valorados y anhelados por sus habitantes. Mientras que, para los estudiantes del Sena, lo más importante para ellos eran sus familias, amigos, sus mascotas, entre otros. 

Al compartir sus experiencias, los participantes vieron las diferencias que existen entre los niños, niñas y jóvenes que viven en las ciudades, donde pueden acceder con mayor facilidad a derechos que son fundamentales, como el agua; y los que viven en comunidades como El Hatillo, donde estos derechos han sido vulnerados por el modelo de desarrollo que promueve la explotación de la naturaleza, afectando la vida de toda una comunidad.

El cierre del taller terminó con una reflexión sobre la importancia de este tipo de encuentros, donde se intercambian las diferentes realidades de los jóvenes del país. “Ellos no saben qué es vivir al lado de unas minas, pero nos conocen a nosotras, quienes pudimos contarles qué se siente. Yo quisiera que, así como ellos, todo el mundo conozca nuestra historia, para que nadie viva lo que nosotros hemos vivido”, asegura Laura.

Por su parte, los estudiantes del Sena manifestaron que para ellos es impactante saber que en el país muchos niños, niñas y jóvenes de su edad viven situaciones tan difíciles y no entienden por qué las familias de esta comunidad tienen que luchar para que les garanticen derechos que son fundamentales.

Las “Cartografías de los cuerpos – territorio” son dibujos de los cuerpos de los niños, niñas y jóvenes de diferentes comunidades colombianas de La Guajira, Antioquia, Cauca y Cesar. En estos mapas de sus cuerpos, ellos han contado sus historias de vida y las problemáticas que enfrentan por la minería a través de escrituras simbólicas que hablan sobre cómo sienten esta situación desde la piel que cada uno de ellos habita.

El futuro de El Hatillo, en manos de toda la comunidad

 

Después del taller, las dos visitantes de El Hatillo manifestaron su interés de participar activamente en el proceso de negociaciones para el reasentamiento de su comunidad, pues quieren tener la oportunidad de que los niños, niñas y jóvenes expresen sus necesidades y las propuestas que tienen para llevar una vida con dignidad en el nuevo territorio.

 

Para ellas es muy difícil enfrentarse a un reasentamiento y dejar el territorio donde nacieron, asegurando que no se quieren ir, pero saben que ahí no pueden seguir viviendo. “Para mí es muy difícil dejar mi pueblo, porque fue donde nací, pero toca, porque nos estamos enfermando y muriendo por tanta contaminación”, dice Ángela.

Aseguran, además, que en el nuevo territorio quieren tener las posibilidades que tenían sus padres y abuelos en el pasado: “Los mayores nos cuentan que donde están las minas eran sabanas donde podían sembrar y cazar, que nuestras tierras eran fértiles y había muchas clases de animales. Ahora no hay nada de eso, por eso tuvieron que adaptarse a los mercados que da la empresa; nosotras no queremos eso, hemos tenido problemas graves de desnutrición, queremos tener la oportunidad de obtener nuestros propios alimentos como antes”.

Igualmente, quieren participar del proceso de reasentamiento para expresar su deseo de trabajar en favor de la preservación de su cultura y la memoria, para que, con el cambio de territorio, las prácticas culturales y el pasado de El Hatillo no se pierdan. “El río era muy importante para nuestra comunidad. Los niños y las niñas íbamos a jugar, las mujeres a lavar y los hombres pescaban, mientras todos cantaban. Queremos rescatar todo esto en el nuevo Hatillo, llevar estas prácticas culturales y crear nuevos espacios de aquella convivencia que nos caracterizaba”, cuenta Laura.  

 

Después de su visita a Bogotá, regresaron a El Hatillo con propuestas y muchas ganas de apoyar a sus padres, madres y abuelos en este proceso de reasentamiento.

 

 

* Sus nombres fueron cambiados para proteger su identidad.

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